Consecuencias del DIM

Desarreglo Intervertebral Menor/Mal Ángulo de Rotación del Atlas

 

Al encontrarse parcialmente desestructurado y comprimido el anclaje entre occipital y atlas, ésta condición repercute básicamente en 3 niveles. Ellos son:

  • A nivel del Esqueleto: El Desarreglo Intervertebral Menor o Mal Ángulo de Rotación del Atlas produce compensaciones a lo largo de la columna vertebral y una traslación del centro de gravedad del cráneo y de las lumbares, con lo cual hacen su aparición patologías como la escoliosis y la hernia lumbar. Esto ocurre porque las vértebras se comunican unas con otras a través de fascias, ligamentos y músculos.

    Al existir una mala posición de una vértebra a nivel superior, se genera un arrastre hacia las vértebras inferiores. Los anclajes del Atlas y el cráneo se dan mediante la unión de cóndilos del occipital y facetas del Atlas. Una distorsión en el correcto anclaje debilita el sistema de equilibrio corporal.

    Por su parte, las meninges recubren el Sistema Nervioso Central. Su capa más externa, la duramadre puede soportar mayor tensión que las otras dos meninges por su elasticidad. En tanto que la duramadre va anclada en las cervicales y en el sacro, una mala rotación del Atlas da lugar a un movimiento de basculación del sacro, con lo cual, las lumbares sufren mayor presión de la habitual y uno de los huesos iliacos de la pelvis se anterioriza mientras que el otro iliaco se posterioriza, lo que se traduce en un acortamiento de pierna.

    Esta pierna corta, por lo general, es estrictamente funcional. Ello quiere decir que no en todos los casos hay un acortamiento real sino que la dismetría obedece a la inclinación pélvica. De persistir en el tiempo esta condición, sería en parte responsable del desgaste de la cabeza del fémur, la desalineación de las rodillas y la falta de apoyo de los pies. Condiciones que a largo plazo generan artrosis y deterioro en la postura y la caminata.

    En síntesis, el daño producido es general ya que no suele instalarse estrictamente en las articulaciones. Normalmente el daño viene acompañado de contracción o distensión muscular y ligamentaria, produciendo dolor articular y muscular.
  • A nivel Vascular: La incidencia del Desarreglo Intervertebral Menor o Mal Ángulo de Rotación del Atlas sobre el riego sanguíneo hacia el cerebro es uno de los principales síntomas de la población que frecuentemente sufre de migrañas, cefaleas, puntos gatillo en las cervicales, vértigo, depresión y mareo. Esto es consecuencia directa de que el paso de las arterias vertebrales por las cervicales se vea perturbado.

    Las arterias vertebrales emergen de la sexta cervical hasta el Atlas y de ahí al cerebro a través del agujero occipital, en donde luego se ramifican formando la arteria basilar que hace parte del polígono de Willis, un complejo sistema vascular que garantiza la irrigación sanguínea al cerebro.

    Un Mal Ángulo de Rotación del Atlas ejerce un bucle de compresión sobre una de las arterias vertebrales, con lo cual es “normal” tener pequeñas fluctuaciones en el riego  sanguíneo hacia el cerebro. Esto también se traduce en poca oxigenación, que en los niños suele manifestarse como déficit de atención y en los adultos, pérdida prematura de la memoria y la concentración.

    Aquellas personas que ya tienen una patología neurológica como epilepsia o esclerosis en placas pueden sufrir mayor intensidad y frecuencia en sus crisis.
  • A nivel Neurológico: El Mal Ángulo de Rotación del Atlas o Desarreglo Intervertebral Menor del Atlas disminuye el diámetro del canal medular con respecto al agujero occipital y como consecuencia, la compresión y tracción sobre la médula espinal pueden provocar desequilibrios entre la comunicación cuerpo – cerebro, agudizándose así problemas neurológicos tales como esclerosis múltiple, cefalea clúster y trastornos vegetativos (trastornos del sueño, estreñimiento, diarrea, inestabilidad, mareo y amenorrea).

    El encéfalo, que controla todas las funciones corporales (movimiento, lenguaje, funciones autónomas, etc.), está intercomunicado con el resto del cuerpo a través de impulsos eléctricos que nacen del Sistema Nervioso Central y Periférico.

    Las señales nerviosas que provienen del cerebro toman una dirección eferente y viajan a lo largo de la médula espinal, la cual está unida al bulbo raquídeo en cercanías del Atlas. De la médula salen ramificaciones a cada lado de la columna vertebral para llevar las señales a las extremidades y diferentes partes y órganos del cuerpo. Asimismo, las señales nerviosas que viajan de las zonas distales del cuerpo hasta el cerebro viajan a través de la médula espinal en dirección aferente, con lo cual se hace posible la retroalimentación entre extremidades, tronco y órganos con el cerebro.

    Una micro-afectación del canal medular podría ser la causa de la pérdida de fuerza en brazos-manos y piernas-pies al igual que trastornos en el movimiento o la sensibilidad. También puede ser precursora de desórdenes gastrointestinales y sistémicos.

 

 

 

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